Eutanasia, ese difícil momento

A menudo nos encontramos con propietarios con muchas dudas sobre este procedimiento, por eso nos hemos animado esta semana a tratar este tema de forma objetiva.

Entendemos que es un tema difícil cuando llega el momento, surgen miles de dudas sobre cuándo tomar esa decisión y en esos momentos, es duro tener que hablar sobre “legalidades” y opciones de incineración, y es poco habitual tratar el tema antes de que llegue el momento, por eso con este artículo de nuestro blog, intentamos acercaros un procedimiento, que aunque siempre es una decisión dolorosa para el propietario, a veces es la mejor opción para nuestros queridos compañeros.

La asistencia en el proceso de “ayudar a morir” debe ser un acto clínico ético y cuidado, como los tratamientos y procedimientos realizados para tratar o prevenir enfermedades.

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Siempre entendemos como veterinario, como aquella persona que estudia y ejerce para garantizar el bienestar al animal. Ahí es cuando surge la paradoja:

¿Cómo podemos garantizar el bienestar si estamos recomendando o practicando una eutanasia y por tanto el animal no seguirá viviendo?

Ese primer momento, al propietario que acude al veterinario para que “haga algo” para que su animal se cure y esté bien, le cuesta o al menos le choca encontrarse con una resolución que no es la que quiere oír, con un “no podemos hacer mucho más”.

La eutanasia no supone un fracaso en la ciencia veterinaria, sino un saber retirarse a tiempo antes de provocar un sufrimiento y un lento final a un animal, ayudando ahí al bienestar y evitar sufrimiento hasta el final.

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Cuando hablamos de eutanasia, hablamos de un acto clínico que supone una decisión después de un diagnóstico y valoración del estado del animal. Sólo debe ser practicado por profesionales veterinarios, con técnicas y procedimientos adecuados que eviten el sufrimiento al animal, por mínimo que sea.

Aquí no sólo entraría el sufrimiento físico, que con las técnicas y fármacos adecuados se puede controlar, también debemos controlar el sufrimiento emocional, ante la fobia o angustia al ver marchar a su dueño, por lo que siempre que el propietario pueda, es recomendable que se quede hasta que se tranquilice, y una vez tranquilizado, en el acto en sí, de la administración del fármaco eutanásico, poder elegir no estar presente.

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No hablamos de eutanasia sólo para el caso de animales terminales, se puede hacer legítimamente ante casos de excesiva agresividad (que no se pueda tratar con adiestramiento, fármacos, manejo adecuado, etc) con riesgo para las personas u otros animales, o “humanitarias” por evitar una muerte más dramática del animal, por abandono, etc. Siempre intentando buscar otras opciones que puedan evitar este final.

Muchos propietarios creen que la muerte no se decide, que debemos seguir su curso natural hasta que pase. Esta afirmación es desafortunada porque realmente al optar por esta forma de muerte, estamos decidiendo cómo va a pasar los últimos días ese animal, y por tanto estamos eligiendo una muerte diferente, pero una muerte en realidad, una eutanasia “pasiva”. En estas decisiones influyen también las convicciones morales y religiosas del propietario.

Técnica

Una vez firmada la autorización del propietario o responsable del animal, dependiendo del estado clínico y carácter del mismo, se utilizarán diferentes drogas y vías de administración. En aquellos pacientes en los que la inyección intravenosa sea especialmente difícil, como neonatos o exóticos, pueden sedarse mediante anestesia inhalatoria.

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La vía de elección sería la inyección intravenosa. En pacientes en los que no se puede acceder a una vía, otra vía es la administración intraperitoneal de los fármacos diluídos para evitar que sean irritantes a este nivel.

La inyección intracardíaca sólo es aceptable si el animal está profundamente sedado o en coma.

Las vías intramuscular, intrapulmonar, subcutánea, intraesplénica, intrahepática, intrarrenal o cualquier otra vía son totalmente inaceptables.

Como drogas, los barbitúricos a dosis altas por vía intravenosa son la droga de elección, ya que provocan una sedación y anestesia a nivel cerebral antes de provocar una parada respiratoria y posterior parada cardíaca.

El uso de agentes bloqueantes neuromusculares no es aceptable, ya que estos provocarán dolores musculares y asfixia.

T-61: se trata de una combinación de fármacos registrados como eutanásicos, no barbitúrico y no narcótica. Como ejerce acción paralizante muscular, se hace obligatorio su uso en animales sedados profundamente o anestesiados, siendo la vía intrapulmonar, también registrada, totalmente inaceptable.

Dependiendo del centro veterinario, este servicio se puede realizar en el hogar habitual del animal, disminuyendo el estrés que puede provocarle el coche o el centro veterinario en sí.

Posteriormente, se puede optar a la incineración individual (el propietario recupera las cenizas) o colectiva. En algunas ciudades también hay cementerios de animales.

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Nos gustaría que nos comuniquéis cualquier duda sobre este tema, tener todas las cosas claras, antes de que llegue el momento, para que esa decisión sea “un trago menos amargo”.


Tomás Bustamante Pérez
Especialista en Endoscopia y Cirugía Minimamente Invasiva
Presidente del Grupo de Endoscopia de AVEPA

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